Kaelen
La escena frente a mis ojos era, sencillamente, la representación más pura del deseo desenfrenado. Savannah, rendida ante el dominio de mi hermano, era un torrente de abandono absoluto. Mis manos, inquietas y cargadas de una energía que pedía salida, viajaban por mi propio cuerpo, encontrando el ritmo exacto, la fricción necesaria para acompañar el clímax que, sabía, estaba a punto de alcanzar. Observaba cada uno de sus movimientos, la manera en que su cuerpo se arqueaba sobre el de Ben