Arianna—Eres una serpiente venenosa, una cobra que hipnotiza —dijo él.Sonreí ante su respuesta y le respondí con un beso profundo.—Los pantalones, fuera —repetí.De una patada, se quitó los zapatos y levantó las caderas para terminar de despojarse de sus pantalones y calzoncillos, dejándonos a ambos en igualdad de condiciones, completamente desnudos.Se inclinó un poco hacia atrás, apoyándose en sus manos, y su mirada barrió mi cuerpo, deteniéndose en la unión de nuestros cuerpos, observando cómo su miembro se salía y luego desaparecía dentro de mí con cada movimiento. Mi sangre continuaba manchándolo, pero a él no parecía importarle; al contrario, parecía disfrutarlo.—Siempre he sabido que eres un psicópata al que le enciende la sangre —dije, señalando con la mirada nuestros genitales.—Solo la tuya, puta, solo la tuya —declaró y regresó a mí para devorarme la boca—. Ahora, cabálgame como es debido.Me empujó hacia arriba y él comenzó a moverse también, su pelvis colisionando con
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