AriannaDerek bajó las manos, manteniéndolas en alto, y dio un paso atrás.—Hermano, no sabía que era casada, te lo juro. Ella no dijo nada y no lleva anillo.—No soy tu hermano, maldito hijo de perra —gruñó él, presionando el arma con más fuerza contra la parte posterior de su cabeza.Derek sollozó y Enzo me miró con desprecio. Pensé que, por primera vez desde que lo conocía, temía de verdad por mi vida.—Enzo, espera, puedo explicarlo —tartamudeé, asustada, dándome cuenta de que realmente no quería morir. Aunque no sabía qué demonios podría decir para justificar esto.—¿Qué vas a explicar, puta? ¿Cómo este cerdo tenía su lengua en tu boca? ¿Cómo sus manos estaban en tu cuerpo? ¡¿Cómo ibas a dejar que te metiera la verga?!Su grito me sacudió, al igual que a Derek, y las lágrimas empezaron a acumularse en mi ojos, pero otro sentimiento se abría paso a través del miedo: la rabia.—Esto es culpa tuya —muté.Él soltó una risa sarcástica, una risa siniestra que parecía el preludio de la
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