NARRADO: EZRA VARDANEl clic metálico de la cerradura electrónica de mi caja fuerte encriptada cortó el espeso silencio sepulcral de la oficina como un disparo directo.Deslicé la pesada compuerta de acero blindado con una calma destructiva, que delataba el desorden absoluto de mis emociones internas en medio de la penumbra densa del cuarto cerrado. Mis dedos largos, temblorosos por la adrenalina incesante que me martilleaba las costillas a mil por hora, se adentraron en el rincón más oculto del compartimento de alta seguridad, buscando el testigo real de mi propia quiebra afectiva.Al retirar mi mano, el destello frío y geométrico de los reflectores de la planta catorce, rebotó contra las facciones esculpidas de la joya de ultra-lujo que sostenía entre las yemas, multiplicando las sombras sobre mi mesa de caoba presidencial.Allí estaba, reposando sobre la palma de mi mano, el bendito anillo de diamante de platino oficial del holding hotelero Vardan.Aquel objeto de utilería comercia
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