GracePasé la mitad del trayecto casi sin respirar.Si dejaba que los nervios se notaran siquiera un segundo, estaba segura de que me caería de la motocicleta o, de algún modo, provocaría un accidente. Rodeé con fuerza la cintura de River y pegué el pecho a su espalda; de tanto aferrarme a él, tenía los nudillos blancos. Debía verme ridícula, agarrada a él como si me fuera la vida en ello, pero lo importante era sobrevivir.Una parte retorcida de mí pensó que, si me resbalaba, quizá él caería conmigo y así al menos no me presentaría sola ante Dios. Pero la idea desapareció tan rápido como llegó. No quería que le pasara nada a River. Era una buena persona. Molesto, sí, sobre todo porque se reía cada vez que la motocicleta se inclinaba y yo me estremecía.Cuando el motor por fin se apagó, abrí los ojos. Ya estábamos estacionados frente a mi casa. Suspiré aliviada. Jadeaba, desesperada por recuperar el aliento.Ni siquiera me di cuenta de que aún lo abrazaba.—¿Tan cómoda es mi espalda qu
Leer más