GraceEn cuanto puse un pie en el restaurante de estilo coreano, me arrepentí.No me malinterpreten, no era por el restaurante en sí. Al contrario, me encantaba la decoración. Los biombos de madera, los faroles, el tenue aroma a carne a la parrilla... Todo me recordaba aquellas noches que pasaba en vela viendo dramas coreanos y deseando teletransportarme a sus mundos.Así que ese no era el problema. El problema era la gente. En cuanto crucé la puerta, todos los presentes voltearon a verme. Me paralicé y parpadeé como idiota.¿No se suponía que íbamos a reunirnos con el equipo de relaciones públicas? Serían, no sé, unas veinte personas. Tal vez menos. Pero, a juzgar por lo lleno que estaba el lugar, había fácilmente más de treinta.¿Qué demonios? ¿Estaba aquí toda la empresa?Se me secó la garganta. Odiaba las multitudes. En ese momento, solo quería dar media vuelta, agarrar a River del brazo y salir corriendo antes de que alguien se acercara. Pero River entró detrás de mí, cerró la pue
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