Grace
Pasé la mitad del trayecto casi sin respirar.
Si dejaba que los nervios se notaran siquiera un segundo, estaba segura de que me caería de la motocicleta o, de algún modo, provocaría un accidente. Rodeé con fuerza la cintura de River y pegué el pecho a su espalda; de tanto aferrarme a él, tenía los nudillos blancos. Debía verme ridícula, agarrada a él como si me fuera la vida en ello, pero lo importante era sobrevivir.
Una parte retorcida de mí pensó que, si me resbalaba, quizá él caería co