La noche había caído sobre la mansión cuando Andrés y yo nos encerramos en el estudio. Las cámaras de seguridad parpadeaban en la pantalla, pero no mostraban nada inusual. Sin embargo, la sensación de que alguien nos observaba no desaparecía.—Tenemos que revisar todo el material fotográfico —dijo Andrés, colocando una caja de archivos sobre el escritorio—. Las imágenes de la boda, las que tomaste en la fábrica, las del almacén. Algo tiene que estar allí.—¿Qué esperas encontrar?—No lo sé. Pero si Tomás está escondido en la fábrica, y si Daniela dejó pistas, tal vez las fotos las tengan.Abrí la caja. Había decenas de imágenes, algunas que yo misma había tomado, otras que habían sido recuperadas de la fábrica. Las fui colocando sobre la mesa, una tras otra, buscando cualquier detalle fuera de lo común.—Mira esta —dije, deteniéndome en una fotografía.Era una imagen de la entrada de la fábrica de Puerto Sol, tomada desde la calle. Se veía la fachada, las ventanas rotas, el cartel oxi
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