El regreso al interior de la mansión se sintió diferente. Antes, cada rincón parecía cargado de formalidad y distancias impuestas por el contrato, ahora, tras lo vivido en el almacén, el aire se percibía más denso, mezclado con el olor a madera antigua y la sensación de que, entre tantas paredes, había ojos vigilando cada movimiento.Leonardo había ordenado revisar puertas, ventanas y sistemas de seguridad, pero nadie podía garantizar que el traidor no estuviera entre ellos, respirando el mismo aire.Esa tarde, nos reunimos en el despacho principal. La luz entraba tenue a través de las cortinas gruesas, iluminando parcialmente la caja de metal que habíamos recuperado, ahora guardada bajo llave en la caja fuerte. Álvaro se sentó en el sillón de cuero, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en el suelo, como si estuviera luchando contra recuerdos que no quería compartir.—Todo esto es importante —empezó a decir Andrés, rompiendo el silencio—, pero hay algo que no encaja
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