―No, no entramos. Nos quedamos fuera, en mi coche. Todavía éramos novios. Supongo que ese día tuve un indicio de cómo era la persona con la que salía. Era tarde, Georgia me llevó para presentarme a su hermanita. Hasta entonces, no habló mal de ti, al contrario, me insistió una y otra vez en historias de ti, en cómo eras inteligente, dulce, caritativa, que eras una bonita niña, que obedecías en todo y… ―suspiró―. No sé por qué lo hacía, creí que solo era una buena hermana, mostrándome tus fotos, recalcando una y otra vez con la idea de que debía conocerte, que cuando nos juntáramos estaría muy feliz. Y, cuando llegamos, no me hizo bajar, iba a hacerlo, pero me detuvo. En ese momento, saliste para despedir a un cliente, llevabas un vestido que se ceñía a tu cuerpo…Temblé al escucharlo, eso fue antes de tener mi propia floristería, cuando me vestía con ropa normal en vez de overoles y enterizos.―Georgia me hizo verte, me habló al oído y me mostró tu cuerpo…Di un respingo, sus ojos baj
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