Se subió a la cama y reptó por mis curvas como un depredador, alternando entre admirar, aspirar mi cuerpo, y ascender a mi mirada.
―Antes de que me rodees con tu coñito, haré que grites por mí, que te corras una tras otra vez, hasta que tus ojos se vayan al fondo de tu cráneo y te quedes sin respirar.
Suspiré con su promesa al tenerlo sobre mí, con sus piernas abriendo las mías, porque de alguna forma debilitó mi agarre para ponerse encima y dominarme con su cuerpo que ensombreció el mío.
¡Dios