―No, no entramos. Nos quedamos fuera, en mi coche. Todavía éramos novios. Supongo que ese día tuve un indicio de cómo era la persona con la que salía. Era tarde, Georgia me llevó para presentarme a su hermanita. Hasta entonces, no habló mal de ti, al contrario, me insistió una y otra vez en historias de ti, en cómo eras inteligente, dulce, caritativa, que eras una bonita niña, que obedecías en todo y… ―suspiró―. No sé por qué lo hacía, creí que solo era una buena hermana, mostrándome tus fotos,