―No creo que…
―Tranquila ―repitió con seriedad, sus ojos azules, brillantes, mirándome con sutileza, aun cuando sus facciones mostraban seriedad.
―No debería estar aquí contigo. Sé lo que dije e hice… pero no soy así, yo solo quería…
―Relájate, preciosa. Sé que ambos dijimos cosas porque estábamos metidos en una situación por demás excitante y nos impulsamos a decir locuras gracias al calor del momento. No te voy a obligar a nada, ni espero que entiendas lo que sentí para hacer lo que hice. Así