Capítulo 55. El peso de la trampa
FedericoPara Federico, el mundo siempre había sido una maqueta perfectamente calculada. Un conjunto de estructuras, acabados de lujo y personas que solo existían para cumplir una función dentro de sus planos. Sin embargo, esa mañana, la estructura crujía con una violencia que jamás previó.Estaba sentado frente a la barra de granito de la cocina, en el penthouse que compartía con Carolina. Traía la camisa de seda desabotonada en el cuello, los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño y la mano aferrada a un vaso de whisky barato. Él, que solo tomaba maltas de reserva, se descubría tragando alcohol mediocre para acallar el zumbido constante que le taladraba los oídos desde la tarde anterior.La audiencia en el juzgado de lo familiar había sido un desastre absoluto. La imagen de Rosa —firme, tranquila, apoyada por ese abogaducho de pacotilla y el campesino que usaba como guardaespaldas— se le repetía en la mente como un castigo. Rosa, la mujer dócil que durante diez años solo fi
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