Maximiliano caminó con pasos firmes, mientras su aura lo rodeaba. Sienna lo miró con sorpresa; ella era de las únicas, junto a Lucas y Axel, que no se veían afectadas por el aura del rey lycan.—Rey, lamento que presencie todo esto —logró decir Karl— pero me encargaré de que esta perra pague por su falta.Maximiliano arqueó las cejas ante el comentario de Karl. Ese alfa insignificante se atrevía a insultar a su reina Luna; no podía permitirlo. Simplemente no dejaría que se metieran con lo que era suyo.—Perra usada, puta, ramera, maldita basura —dijo Maximiliano, mirando a Sienna.Sienna sintió arder sus mejillas de vergüenza y rabia. Cuando Karl la había llamado de esa manera ni siquiera le importó, pero escucharlo del rey lycan era diferente; incluso sintió una fuerte punzada en su corazón.Karl sonrió con descaro. Por un segundo, creyó que tener de su lado al rey lycan sería su salvación; tal vez, después de todo, ni siquiera necesitaría a Sienna para convertirse en el Alfa de la m
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