Irina se dio una ducha caliente, intentando borrar el terror de la noche. Cuando salió del baño, solo llevaba una camisa grande de Andrei que le llegaba a mitad de los muslos. El olor de él la envolvió inmediatamente. El joven Romanov ya estaba en la cama, recostado contra el cabecero, vistiendo solo un pantalón de chándal gris oscuro. Su hombro vendado destacaba en la penumbra. —¿Tienes hambre? —preguntó con suavidad, Irina suspiró y negó con la cabeza mientras se metía en la cama a su lado. —No… no tengo hambre. Ni sueño. Todo lo que pasó… —guardó silencio mientras el miedo cruzaba sus ojos. Andrei la atrajo hacia él, abrazándola con fuerza. Su mano descendió lentamente por su espalda hasta llegar a sus piernas desnudas. Las acarició con ternura, subiendo poco a poco. —Yo tengo otras ideas —murmuró contra su oído, con voz ronca. Irina soltó una risa suave. —Estás herido, Andrei. —No del todo —respondió él, continuando su recorrido. Sus dedos llegaron a su centro y de
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