ZAYED
Hassan llevaba diez minutos junto a la ventana mirando la entrada del palacio.
Yo llevaba diez minutos mirándolo a él.
—Dígalo —hablé al final.
—No diré nada, señor.
—Pero está pensando algo.
Hassan giró apenas la cabeza hacia mí.
—Empiezo a dudar que la señorita Ríos aparezca.
Miré el reloj.
Las cuatro con ocho.
La cita era a las cuatro.
—Aparecerá.
—Se veía muy decidida cuando salió ayer.
Negué apenas.
—Se veía asustada. No es lo mismo.
Hassan no respondió.
Eso normalmente significaba q