El horror invadió a Leila de una manera tan súbita y violenta que sintió el impacto físico en el centro del pecho. El parque, el césped verde, el cielo que se teñía de tonos rojizos y hasta el eco lejano de las risas de Emily parecieron distorsionarse, perdiendo toda nitidez. Se quedó estática, con las manos suspendidas en el aire, sintiendo cómo el frío de la sospecha se transformaba en una certeza devastadora que le helaba la sangre. Miró a Delia, buscando desesperadamente en sus ojos alguna señal de que aquello fuera una exageración, un error de diagnóstico, o una pesadilla de la que estaba a punto de despertar.—¡¿Qué?! —exclamó Leila, y su propia voz le sonó extraña, despojada de toda la fuerza que había intentado acumular durante el día—. Pero… si estaba tan sumamente mal, ¿por qué demonios le dieron el alta médica? No tiene ningún sentido. Además, mírala, Delia. No se ve tan mal ahora mismo. Está corriendo con Chris, se está riendo… Tiene energía.Delia no respondió de inmed
Leer más