Chris no se tomó nada bien que lo compararan con Mike Bemont. La sola mención implícita del médico pareció tensar las líneas de su mandíbula, y se lo dejó saber a Leila con ese humor tan ácido y característico que poseía, clavándole una mirada que habría hecho temblar a cualquiera en los muelles.—¿Me estás comparando con el doctorcito, Tigresa? —soltó, arrastrando las palabras con una sonrisa carente de toda gracia—. Ofensivo, de verdad. Ese infeliz no sabría qué hacer con una mujer como tú ni aunque le viniera con manual de instrucciones. Yo no juego a las escondidas, ni ando buscando que me aplaudan en las galas benéficas. Si te ofrezco mi dinero, no es para comprar tu sumisión, es porque me aburre ver a la gente con talento ahogándose en un vaso de agua.—Leila… —la llamó Daisy en un hilo de voz, captando de inmediato el drástico cambio de temperatura en la mesa, pero Chris la interrumpió con un gesto seco de la mano. Estaba genuinamente molesto, y cuando Chris Laurie se enfadab
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