Leila dudó unos segundos tras soltar la frase, lamiéndose los labios que repentinamente se habían vuelto secos como el papel.
Sentía un sabor amargo en la boca.
Nunca antes en toda su vida había pronunciado esas malditas palabras en voz alta frente a otra alma humana.
El secreto había permanecido enterrado en lo más profundo de su pecho, custodiado por el miedo a que las garras de la sociedad legal se la arrebataran para siempre.
Al ver el impacto de la confesión, Chris tiró con suavidad de s