Apenas la puerta volvió a cerrarse, Clara entró apresuradamente.Encontró a Anastasia completamente vencida sobre la silla de ruedas, llorando con un dolor que parecía no tener fin. Sin decir una sola palabra, la abrazó con fuerza.Hasta ese instante Anastasia había intentado ser fuerte, pera ya no podía más. Se aferró a su amiga con desesperación. Su llanto no era silencioso. Era un llanto profundo, desgarrado, nacido de la humillación, de la rabia y, sobre todo, del desconcierto.—¿Por qué…? —sollozó—. ¿Por qué Sebastián me hizo esto?Clara le acariciaba el cabello intentando calmarla.—Tranquila… por favor…—¡¿Cómo quieres que me tranquilice?! —levantó el rostro, con los ojos completamente enrojecidos—. ¿Quién era ese hombre, Clara? ¿Quién era Sebastián? ¿Por qué tuvo que mentirme de esa manera?La muchacha bajó la mirada. Ella tampoco encontraba respuestas.—Tal vez… tal vez tenga una explicación.Anastasia negó con fuerza.—¿Qué explicación puede justificar una mentira
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