Aquella noche, durante la cena, Sebastián apenas probó la comida. Permanecía abstraído, respondiendo con monosílabos mientras Martina hablaba de asuntos sin importancia. Fue entonces cuando, de manera instintiva, buscó el teléfono móvil en el bolsillo del pantalón y no lo encontró. ¿Dónde lo había dejado?Recordó entonces que había estado en la cabaña antes de cruzar a la casa principal al descubrir que había visitas. Debió dejarlo allí junto con la mochila. Aunque necesitaba saber de Anastasia, aquel olvido le resultaba incluso conveniente. Si Anastasia intentaba llamarlo o escribirle, Martina no tendría oportunidad de descubrir nada. Al menos por esa noche, no tendría que inventar ninguna excusa.Terminada la cena, ambos subieron a la habitación de Sebastián. Apenas cerraron la puerta, Martina se acercó con una sonrisa insinuante y comenzó a desabotonarse lentamente la blusa.—Hace días que casi no te veo… —murmuró acercándose para besarlo.Sebastián dio un paso atrás con
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