La limusina cortaba el tráfico de la calle Centre con la agresividad de un misil teledirigido. Fuera, la lluvia de Manhattan golpeaba los cristales tintados con una fuerza torrencial, aislando el habitáculo de la tormenta de llamadas que reventaba la centralita del piso cuarenta. Las acciones de Sterling Fashion Group se desangraban a un ritmo del ocho por ciento por hora tras la filtración del audio de Couture Confidential, pero dentro del auto negro blindado, la atmósfera era mil veces más destructiva.Carter permanecía sentado frente a mí, con la mandíbula tan rígida que parecía esculpida en piedra de cantera. Se había puesto la chaqueta del esmoquin oscuro de camino al garaje, y sus manos grandes, con las venas marcadas por la tensión, sujetaban una carpeta de piel con el documento prematrimonial exprés que sus abogados habían redactado en quince minutos.Yo miraba mis manos temblorosas. El diamante de platino falso seguía en mi dedo anular, brillando bajo la luz LED azulada de
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