El lunes por la mañana, el piso cuarenta de Sterling Fashion Group amaneció sumido en un silencio tenso, similar al que queda en un campo de batalla tras la retirada de la artillería.
Las cuentas de la firma habían sido desbloqueadas y las acciones en Wall Street mostraban un repunte del cuatro por ciento debido a la purga de los inversores corruptos.
Sin embargo, en la suite ejecutiva, el aire se sentía pesado, cargado de una electricidad estática que amenazaba con hacer saltar los plomos de