El aire acondicionado de la sala de juntas del piso cuarenta funcionaba a máxima potencia, pero el ambiente se sentía como un horno industrial a punto de estallar.
Los doce miembros del consejo de administración de Sterling Fashion Group permanecían sentados alrededor de la inmensa mesa de cristal negro con expresiones de piedra. En una esquina de la sala, el agente especial Miller y su compañero del FBI observaban la escena con los brazos cruzados, saboreando lo que creían que sería la caída