Miré a ambos lados, asegurándome de que no hubiera nadie más cerca, y me señalé a mí misma con el dedo, confundida.—¿Conmigo? —le pregunté en un susurro.Mi compañera rodó los ojos con diversión y asintió rápidamente con la cabeza, impaciente por su dosis de chisme. —Sí, claro. ¿Con quién más te iba a hablar?Tragué saliva, intentando mantener mi postura profesional. Ella se acercó un poco más, rodando su silla de oficina hasta quedar pegada a mi cubículo.—¿Ya la viste? —me preguntó con los ojos abiertos de par en par.Negué con la cabeza, fingiendo desinterés. —No, no estaba aquí cuando llegó.—¡Ash, qué lástima! —exclamó ella, chasqueando la lengua—. Yo tampoco pude verla bien; estaba almorzando en la cafetería del piso de abajo. En cuanto supe que había llegado, me apresuré a subir corriendo, pero ya era demasiado tarde, ya había entrado a la oficina presidencial.Ambas giramos la cabeza por un instante para mirar hacia las imponentes puertas cerradas de la oficina de Harry. El s
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