El coche se detuvo frente a la mansión. Las luces del interior ya estaban tenues, solo quedaba un resplandor amortiguado en la sala y el pasillo. Clara seguramente ya dormía, o quizá solo se escondía en su habitación, como siempre.Abrí la puerta y bajé. León me seguía detrás.Al pasar por la sala, vi a Clara sentada en el sofá. Tenía la mirada apagada, el rostro pálido. Quizá nos había estado esperando.Me detuve.Clara me miró, pero no con la ira de siempre—como si ya no supiera cómo comportarse después de saber que soy la esposa de su padre.—Estoy cansada, Clara. Solo quiero que podamos convivir en paz —dije.Clara guardó silencio.—Puedes odiarme, pero recuerda que soy la dueña de esta mansión —dije.Clara no respondió. Solo se levantó, caminó hacia su habitación y cerró la puerta con suavidad.Caminé hasta el dormitorio principal. Necesitaba limpiar mi cuerpo del sudor, el polvo del viaje y el cansancio que se acumulaba desde hacía días.Entré al baño, cerré la puerta con llave,
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