La noche empezaba a caer cuando nos despedimos de Adrián. Lucas ya se había dormido de nuevo después de que su fiebre bajara un poco. Adrián besó mi frente, y luego mis labios, largo, profundo, como si no quisiera soltarme.
—Mañana voy a la mansión —susurró.
—¿Y Lucas?
—Lo dejo con la niñera.
—No dejes a Lucas solo demasiado tiempo. Todavía está enfermo.
Adrián sonrió. —Ya estás como una madre para él.
Le devolví la sonrisa. Por alguna razón, esas palabras me hicieron feliz.
León, que ya estaba