A la mañana siguiente.
Abrí los ojos lentamente, aún medio dormida después de un sueño profundo que hacía mucho que no experimentaba. Mi cuerpo seguía caliente por el abrazo de León, que no me había soltado en toda la noche.
Ya estaba despierto.
—Buenos días —dije.
—Buenos días.
Me besó la frente y se levantó de la cama. Lo seguí.
Bajamos al comedor. Mis pasos se sentían ligeros. Quizá porque la noche anterior había sido la mejor que había pasado con León desde que comenzó este matrimonio por c