El coche se detuvo frente a la mansión. Las luces del interior ya estaban tenues, solo quedaba un resplandor amortiguado en la sala y el pasillo. Clara seguramente ya dormía, o quizá solo se escondía en su habitación, como siempre.
Abrí la puerta y bajé. León me seguía detrás.
Al pasar por la sala, vi a Clara sentada en el sofá. Tenía la mirada apagada, el rostro pálido. Quizá nos había estado esperando.
Me detuve.
Clara me miró, pero no con la ira de siempre—como si ya no supiera cómo comporta