POV del AutorAproximadamente una hora después, un coche negro se detuvo en el jardín de la villa. Un joven bajó con una bata blanca impecable, el cabello negro un poco largo al frente, el rostro apuesto pero frío y profesional. El doctor Aldo, el médico que había atendido a Ana en el hospital, el que una vez amenazó con denunciar a León, Adrián y Sebastián a la policía.Adrián frunció el ceño. —¿Has venido tú? ¿Por qué no otro médico?Aldo miró a Adrián con indiferencia.—Casualmente estaba de guardia en la clínica sucursal cerca de aquí.Entró en la villa con su maletín médico en la mano.León seguía sentado en el suelo frente a la chimenea, con Ana en su regazo envuelta en una gruesa manta. Su rostro estaba pálido, sus ojos enrojecidos por la falta de sueño y por contener las emociones.Aldo se arrodilló junto a Ana. Le tomó el pulso, la temperatura y revisó la reacción de sus pupilas. Sus dedos fríos y hábiles se movían con rapidez y eficacia.—Deshidratación, agotamiento, frío y
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