León besó mi frente, mis sienes, mis mejillas, la punta de mi nariz, mi barbilla, y luego mis labios.
—Confío en ti —susurré entre sus besos.
—¿Me darás otra oportunidad?
Cerré los ojos. —Sí.
León me abrazó con fuerza. El agua caliente seguía cayendo sobre nosotros. Lloré contra su pecho. No preguntó por qué. Solo acarició mi cabello.
Nos quedamos quietos bajo la ducha durante un rato. El agua caliente empapaba nuestros cuerpos, calmando los nervios tensos. León frotaba mi espalda con movimient