Caminamos hacia la cocina. La cocina de Adrián era enorme, mucho más grande que la de la mansión de León. Los utensilios de acero inoxidable brillaban colgados ordenadamente en los estantes. Nevera de doble puerta, cocina con seis hornallas, horno empotrado y una isla de mármol blanco en el centro con espacio suficiente para que diez personas comieran juntas.
—Tu casa es muy lujosa —dije mientras abría algunos armarios.
—Es la casa de Lucas. Yo solo vivo aquí por él.
—Eres un buen padre.
Adrián