Capítulo 90 —El peso de la sombraLa cabaña era el único lugar del mundo donde el tiempo parecía detenerse, un refugio de madera y sombras rodeado por el silencio absoluto del bosque. Cuando Ivanka cruzó el umbral, la calidez del interior, impregnada con el aroma a leña quemada y el rastro familiar de Dante, la golpeó como un impacto físico. Había caminado kilómetros, o quizás habían sido solo minutos, con la sensación de tener la piel cubierta por una película invisible y asfixiante. Aún sentía el rastro del perfume denso de Raisa, una nota floral que se adhería a su ropa, a su cabello, a sus recuerdos.Dante estaba sentado junto a la chimenea. No necesitó que ella hablara para saber que algo se había roto. Su mirada, cargada de una agudeza que solo él poseía, recorrió el cuerpo de Ivanka, deteniéndose en sus manos, en su postura, en la forma en que sus hombros cargaban un peso que no estaba ahí hacía apenas unas horas.—Hueles a ella —dijo Dante. Su voz no era una acusación, sino una
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