Capítulo 71 —Operación de limpiezaVolvieron, pero en lugar de ir al penhouse se dirigieron al gimnasio. El silencio del ascensor que los llevaba a los niveles inferiores del edificio era un contraste absoluto con el eco de los disparos que aún parecía vibrar en los tímpanos de Ivanka. El polígono había quedado atrás, pero la adrenalina, lejos de disiparse, se había transformado en una inquietud eléctrica que recorría cada nervio de su cuerpo. Dante, inmerso en su propia atmósfera, mantenía una distancia física que ella, ahora más que nunca, sentía como una provocación.Al abrirse las puertas, el gimnasio privado, un espacio aséptico de tatamis negros, sacos de boxeo desgastados y una iluminación fría, se desplegó ante ellos. Era un lugar diseñado para la eficiencia, para el pulido de las máquinas humanas.—Si el polígono te recordó cómo disparar —dijo Dante, despojándose de su chaqueta y dejando a la vista la tensión de sus músculos bajo la camisa oscura—, ahora vamos a ver cómo te de
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