Capítulo 70 —La marca de la memoriaIvanka se ajustó el último lente de contacto frente al espejo del baño. La pequeña molestia en el borde del iris era un recordatorio constante de que esa imagen que le devolvía el cristal, la mujer rubia, de ojos verdes, inmaculada, era una construcción, un escudo diseñado para el juego de supervivencia en el que se había sumergido junto con Dante.Dante no dijo nada al verla, pero su mirada, cargada de una posesión tranquila, lo decía todo. Se levantó y caminó hacia ella, acortando la distancia hasta que el espacio entre ambos desapareció. Sus manos, siempre firmes, se posaron en los hombros de Ivanka, bajando lentamente hasta su cintura. No había nada de frialdad en el gesto; era esa ternura brusca, casi silenciosa, que era su lenguaje particular. Ivanka se dejó hacer, inclinando la cabeza hacia atrás para apoyar la nuca contra su pecho.—Siguen molestando —susurró ella, señalándose los ojos con una media sonrisa—. Si este es el precio por mantener
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