Capítulo 27El silencio me empuja hacia el pasillo y, con renuncia, voy a la habitación. El espacio más íntimo, el lugar donde nos podíamos aislar completamente del mundo y ser solamente él y yo.Cuando entro al dormitorio siento cómo el corazón se me oprime en el pecho de una manera tan violenta que tengo que apoyarme contra el marco para no caerme. La cama sigue exactamente igual que esta mañana: deshecha, desordenada en un caos de sábanas que da testimonio de nuestra última noche. Me detengo al borde de la misma y avanzo a gatas sobre el colchón, arrastrándome como una criatura herida hasta llegar a su lado. Su almohada sigue hundida, conservando la forma exacta donde descansó su cabeza hace unas horas.Me hago un ovillo, pego mi rostro a la tela y aspiro con fuerza desesperada por inhalar su aroma. Su olor sigue impregnado en los hilos; es una fragancia inconfundible, la mezcla intensa de bosque húmedo, lluvia fresca, invierno salvaje y algo puramente suyo: el aroma de Thor, el
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