Capítulo 31 —No... No, esto es un chiste —digo en voz alta y niego con la cabeza con frenesí—. Es imposible. Tiene que estar defectuosa. Claro que sí, estas porquerías baratas no sirven para nada. Es totalmente imposible. Mi cuerpo está mal, yo estoy mal, pero esto no puede ser real.Con urgencia, casi con una violencia salvaje, abro la segunda caja. Rompo el envoltorio con los dientes y me bajo los pantalones con desesperación... justo cuando me doy cuenta de que la ansiedad me ha secado y ya no tengo ganas de hacer pis. Necesito comprobarlo otra vez. Porque esto no puede ser verdad. No puede serlo. Es una obsesión ciega, una necesidad enfermiza de demostrar que la primera prueba está equivocada.—Maldición.Me vuelvo a subir los pantalones, salgo corriendo a la cocina y me tomo un vaso de agua, y luego otro, tragando el líquido con desesperación. Camino de un lado a otro de la cocina, pasándome los dedos por el cabello por pura desesperación, sintiendo los pasos pesados sobre la
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