Narrado por ZoeLa jornada en la Unidad de Cuidados Intensivos no era medicina; era una guerra psicológica. Sentía la mirada de Ian Blackwood en mi nuca como un escalpelo, diseccionando cada uno de mis movimientos. No buscaba mi aprendizaje, buscaba mi error. Su odio se había vuelto gélido, una escarcha que cubría cada palabra que me dirigía.—Harrington, si vuelve a ajustar esa dosis de dopamina con tanta duda, mejor entregue su placa —soltó Ian frente a tres especialistas, sin siquiera mirarme a los ojos—. Aquí la incompetencia se paga con vidas, no con disculpas de bar.Me tragué la rabia. Mis manos no temblaban por falta de conocimiento, sino por la tensión de tenerlo tan cerca, oliendo a ese café amargo y a la misma locura de la noche anterior.Para empeorar el cuadro, Leticia Ashford parecía haberse mudado al hospital. Se paseaba por los pasillos de cuidados intensivos como si fueran la pasarela de Milán, deteniéndose siempre cerca de nosotros con esa sonrisa de suficiencia.—Es
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