Narrado por Zoe
El motor del auto rugió, rompiendo el silencio sepulcral que nos había envuelto tras el acto. El sonido me devolvió a la realidad con la fuerza de un bofetón. Mis dedos temblaban mientras terminaba de abrochar mi ropa, sintiendo el rastro viscoso de nuestra locura como una mancha en mi piel. No podía quedarme ahí. No podía permitir que me llevara a casa como si acabáramos de tener una cita normal.
Antes de que Ian pusiera la marcha, abrí la puerta y salí al frío de la madrugada.