Verónica salió de la suite completamente confundida, caminando por el pasillo con paso rápido mientras las lágrimas nublaban su vista. Su mente era un caos de recuerdos del pasado y dolor del presente. Dentro de la habitación, Mauricio no perdió un solo segundo. Lleno de rabia, tomó a la mujer fuertemente por el brazo, ignorando sus quejas, y la sacó de la suite a empujones, cerrándole la puerta en la cara. De inmediato, corrió hacia el pasillo detrás de Verónica, desesperado por alcanzarla antes de que fuera demasiado tarde. —¡Verónica, por favor, detente! ¡Escúchame! —le suplicó Mauricio, alcanzándola cerca de los ascensores y tomándola suavemente de los hombros. Ella se detuvo, pero no lo miró. Mauricio, con el rostro pálido por la angustia, comenzó a explicarle todo con rapidez. —Te pido que por favor me creas, Verónica. Te juro que no sé quién es esa mujer. Solo llegó abajo diciendo que tenía información sobre Rodrigo, y por eso accedí a recibirla en mi suite. Pensé que e
Leer más