LorenzoMi mundo se detiene, sorprendido completamente por su audacia. El sonido del oleaje del mar Caribe, el murmullo lejano de los turistas y hasta el crujir de la arena bajo mis pies desaparecen en una fracción de segundo. Lo único real, lo único que registra mi cerebro en cortocircuito, es el contacto húmedo, cálido y desesperadamente suave de los labios de Liliana contra los míos.Es un beso rápido, un impulso que sé perfectamente ha nacido de su rabia y de su necesidad de marcar territorio frente a las cámaras de Marcela, pero a mí me quema como el mismísimo infierno. Por puro instinto de cazador, mi mano libre sube por su cuello de inmediato, enredando mis dedos en la base de su moño alto para evitar que se separe, queriendo profundizar este maldito castigo que me está aplicando. Saboreo la textura de su boca, el sabor dulce que me trastorna los sentidos, y le devuelvo el beso con una intensidad que la hace soltar un suspiro ahogado contra mis labios.Cuando se separa jadeando
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