Lorenzo
Observo a María de los Ángeles con un nuevo berrinche sentada en el piso arruinando un vestido valorado en diez mil euros. Lanza el lazo que llevaba en la cabeza pataleando sin ningún pudor. No me atrevo a hablarle por el temor de que se ponga peor, aunque en realidad, lo dudo.
—Solo me gustaría saber una cosa, María —mi tono bajo llama su atención por un instante, el necesario para preguntar lo que necesito, me acuclillo cuidando que mi traje no se arruine —¿por qué lloras y pataleas