El lunes llegó pegado en la nevera desde la noche anterior, con un sticker de dinosaurio, una gota de agua dibujada por Mateo y el nombre de Damián escrito en marcador azul. Yo lo miré más veces de las que quería admitir, como si el calendario fuera a cambiar de opinión si lo vigilaba demasiado. No era una emergencia, no era un susto del colegio, no era una barriga haciendo drama. Era un lunes normal, con tarea normal, merienda normal y un papá entrando en una parte de la vida de Mateo donde antes solo estaba yo.Mateo, en cambio, despertó con ánimo de inspector. Apenas terminó de desayunar, fue hasta la nevera, señaló el lunes y dijo con total seriedad:—Hoy papá tiene día normal.—Sí —respondí, tratando de sonar tranquila.—Entonces no puede traer emergencia.Sofía, que había llegado con pan porque según ella el calendario necesitaba acompañamiento emocional, levantó una mano.—Perfecto. Quedan prohibidas las emergencias los lunes. Solo tareas, pan y control emocional moderado.Mate
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