Mary contempló a Erick con una sutil sonrisa de difícil interpretación. La comisura de sus labios se elevó apenas, dibujando una expresión que parecía descifrar cada pensamiento que deambulaba por la mente de su esposo. Su mirada era serena; Mary encarnaba a una esposa sumamente dulce y comprensiva. Sin embargo, detrás de aquella aparente docilidad, residía un aura de dominación absoluta yang siempre lograba que Erick se sintiera controlado en su hombría.—Me preocupas, mi amor —susurró Mary, mientras sus dedos, adornados con un costoso anillo de diamantes, enderezaban el cuello de la camisa de Erick, que estaba ligeramente torcido—. ¿Estás seguro de que puedes controlar tu temperamento? Desde que el médico comenzó a reducir la dosis de tus antidepresivos para nuestro tratamiento, te noto... diferente.Erick sintió que la mandíbula se le tensaba por reflejo, consciente de que Mary le advertía sobre su inestabilidad emocional. No obstante, forzó de inmediato una sonrisa amplia y rígida
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