La cena transcurría con la pompa esperada de una noche entre dos familias poderosas. La mesa de madera clara, rectangular, con doce lugares, se extendía en el centro del salón principal del ala este de la mansión Montgomery, flanqueada por grandes ventanales de vidrio esmerilado que reflejaban la luz tibia de las lámparas de cristal. El ambiente era moderno, pero cargaba el peso de la vieja costumbre, del ritual, de la etiqueta, de la conveniencia disfrazada de celebración.Isabella Montgomery, madre de la novia, había cuidado cada detalle. Los platos de porcelana fina, las copas de cristal Baccarat, los cubiertos dorados descansando sobre manteles individuales de lino bordado. Arreglos florales minimalistas decoraban el centro de la mesa, todo en tonos neutros y dorados envejecidos. Nada desafiaba el buen gusto. Todo estaba perfectamente… frío.Excepto Lila.La heredera Montgomery vestía un vestido color vino de satén pesado, escote discreto, espalda descubierta, el cabello rubio rec
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