El cielo sobre la hacienda Miller estaba pintado con tonos de fuego y oro. Un espectáculo digno de admiración... para quien tuviera la mente en calma. Pero Taylor Remington Miller estaba muy lejos de eso.
Salió por el portón como un huracán sobre patas, montado en Diablo, su alazán negro, enorme, feroz y orgulloso como su propio dueño. El animal relinchaba con fuerza, bufando como un toro salvaje, los cascos golpeando la tierra compacta y levantando polvo tras de sí.
El Diablo no era solo un ca