Pasé el resto de la noche escribiendo la propuesta en mi ordenador. La redacté con cuidado, enumerando cada equipo que había visto en mal estado: la báscula para bebés rota, los dos únicos tensiómetros que quedaban, la falta total de electrocardiógrafo, la luz quirúrgica tenue, las camas oxidadas, y mucho más.También añadí un presupuesto estimado para cada artículo, así como recomendaciones de proveedores de confianza en Italia. Quería que la propuesta fuera perfecta. Quería que Luca viera que no era un capricho, sino una necesidad urgente que podía salvar muchas vidas.Trabajé hasta altas horas de la noche. Luca entraba de vez en cuando, trayéndome una taza de té caliente o simplemente mirándome con cariño. No me interrumpía, solo me dejaba concentrarme. Y cuando por fin terminé, miré el documento con orgullo.—¿Ya terminaste? —preguntó Luca desde la puerta.—Sí. Es la propuesta completa, con la lista de equipos y el presupuesto.Luca entró y se sentó a mi lado. Leyó la propuesta co
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