Llegué a casa con el corazón muy pesado. Ese día había sido realmente agotador, tanto física como mentalmente. El hombre misterioso de la herida de bala no dejaba de atormentarme; sus palabras sobre Luca y el tráfico de órganos resonaban en mis oídos. Intentaba convencerme de que eran solo rumores, de que ese hombre era solo un provocador, pero una parte de mí lo dudaba todo.Me senté en el sofá de la sala, tratando de calmarme. Mi teléfono estaba sobre la mesa, y de vez en cuando lo miraba, esperando un mensaje o una llamada de Luca. Pero no había nada.Decidí darme una ducha caliente, con la esperanza de aliviar la tensión de mi cuerpo. Me puse bajo el chorro de agua, dejando que el agua mojara mi cuerpo, intentando lavar todas las preocupaciones que me acechaban. Pero mi mente no dejaba de dar vueltas, incapaz de encontrar paz.Después de la ducha, me puse la bata y fui a la cocina a prepararme un té. Me senté en la mesa de la cocina, sosteniendo la taza caliente entre las manos, t
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