Pasé el resto de la noche escribiendo la propuesta en mi ordenador. La redacté con cuidado, enumerando cada equipo que había visto en mal estado: la báscula para bebés rota, los dos únicos tensiómetros que quedaban, la falta total de electrocardiógrafo, la luz quirúrgica tenue, las camas oxidadas, y mucho más.
También añadí un presupuesto estimado para cada artículo, así como recomendaciones de proveedores de confianza en Italia. Quería que la propuesta fuera perfecta. Quería que Luca viera que